La bota de Greg Wiltjer


La carambola parecía imposible. Un adolescente apasionado por el baloncesto, una ciudad pequeña del Norte de España, y la celebración de una fase semifinal de un Mundobasket no podían coincidir en tiempo, espacio, afición y mi persona. No daba crédito. Ni todavía lo doy.

Cuando sólo conocías que había otro baloncesto a través de la cita semanal con la revista Nuevo Basket, con los partidos de Copa de Europa del Real Madrid retransmitidos por TVE, y, en el mejor de los casos, por algún video que caía en nuestras manos de la liga Universitaria americana, o de unos extraterrestres que jugaban en una competición llamada NBA. De repente, acudían a jugar a tu casa, a entrenar en tu pabellón setentero, y a bailar en en tus discotecas favoritas.

La bota de Wiltjer

La bota de Wiltjer

Cada jornada de competición era una fiesta. Al final de cada día, nos pasábamos por el alojamiento de los combinados internacionales. Una noche por sorpresa, se asoma por la ventana del hotel Greg Wiltjer, el gigante canadiense de casi siete pies,  y sólo se le ocurre lanzar una de sus botas de juego al centenar de fans que allí nos reuníamos. Nos quedamos paralizados. Todos fijamos la mirada en el objeto siguiendo su vuelo como si fuera un satélite espacial. Todos menos mi amigo Pedro, que como una gacela se lanzó haciendo una palomita sobre el asfalto de la calle. Creo que todavía le duele. Pero el premio era épico, una bota del número 53 propiedad del center del Barcelona y de la selección canadiense. Un trofeo para la eternidad. Y no exagero.

Definitivamente, aquel fue el verano de las infinitas botas de Greg Wiltjer.

De la pegajosa defensa del enano Tyrone Bogues al enfant terrible del baloncesto europeo Drazen Petrovic, representando el temible equipo de la antigüa Yugoslavia.

bogues petrovicDe aprender el arte de la asistencia con puerta atrás, gentileza de los talentosos argentinos Miguel Cortijo y “Pichi” Campana.

De las suspensiones interminables de Nikos Gallis.

Sabonis-Robinson-88-204x300De un gigante lituano llamado Arvydas Sabonis, que jugaba como un base con 2,20 de altura, bajo la dictadura de la CCCP. De un Almirante Robinson que comandaba las operaciones de la armada USA, y, que años más tarde, reinaría en el todopoderoso imperio de la NBA. De Óscar, la Mano Santa brasileña que acariciaba las redes de las canastas con sus lanzamientos imposibles.

 

De jugadores que ni se planteaban renunciar a un Mundobasket. Representar a su país era su mayor orgullo y un escaparate sin fronteras. Estos Pistoleros como los de antes, disparando la esencia de un basket en evolución, de estrellas en la pista de juego y no en los medios de comunicación; de verdadera pasión por el deporte que jugaban.

Pero no olvidemos nunca que lo importante es lo que acontece en la pista. Sobre todo, cuando sus protagonistas son los hermanos Petrovic, Tikhonenko, Sabonis y los tres triples consecutivos, los dobles de Divac y un legendario Dalipagic consolándole. En juego, las extintas selecciones de Yugoslavia y la Unión Soviética en el minuto más vibrante de la historia de los mundiales …

Ahora me pregunto si hemos avanzado mucho cuando te encuentras un Mundial clandestino transmitido en webs piratas y visto en pantallas divididas en el ordenador, un torneo con un sistema de competición dirigido, como ejemplo de un sistema viciado, en el cual la picaresca prima sobre los valores deportivos. Y, como siempre, directivos de medio pelo navegando a su (hortera) imagen y semejanza. Parece una oportunidad perdida. Otra.

Ni todo tiempo pasado fue mejor, ni el aluvión de redes sociales nos debe distorsionar la realidad. Al final cada uno debe buscar sus propias referencias; bucear y navegar en una mundo convulso por exceso de información. Y recordar el Mundial de tu vida como algo único y especial. En mi caso, no tengo ninguna duda: siempre lo recordaré como el Mundobasket de La bota de Greg Wiltjer.

 

 

 

Acerca de Alejandro Peña

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8 respuestas a La bota de Greg Wiltjer

  1. Esteban iglesias dijo:

    Que buenos recuerdos ,tardes maratonianas viendo Basket en el Palacio pues habíamos sacado el bono para todos los partidos .Y eso que no estaba España en Oviedo

  2. Pingback: La final que no fue | Basket and Talent

  3. Esteban dijo:

    Alejandro:en esa época el Nuevo Basket no era mensual?

  4. Flames dijo:

    Y todo el pabellón de Madrid gritando ¡Rusia, Rusia! Los jugadores rusos dijeron que nunca les habían animado así.

    Hay que reseñar también que la única vez que se ha disputado una final de liga de baloncesto a un partido (para desempatar la liga regular) fue en la misma ciudad del norte de España: Madrid-Barcelona.

  5. Alejandro Peña dijo:

    Es cierto, Gonzalo. La palabra es emoción por la suerte que tuvimos de ver ese espectáculo. A veces, los eventos se magnifican con el tiempo, pero no en este caso.
    Cómo disfrutamos!

  6. gbotas dijo:

    Cuanta razón y que mundial de Bogues y Robinson, el Almirante. ¡¡Qué partidos y cuánta emoción!!

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