El trabajo más emocionante del mundo


La proyección había comenzado. Lo sabía porque desde el exterior del cine, el intermitente haz de luz se colaba por la diminuta ventana de la cabina de proyección, y se reflejaba en la pared situada enfrente del Teatro Cinemar. No me quería perder los trailers de los próximos estrenos, crucé rápidamente el hall mirando de reojo los afiches de las grandes super producciones, y, como siempre, me acomodé en la primera butaca de la fila dos. Una vez sentado, tenía la costumbre de mirar hacia atrás, para intentar ver el mago que era capaz de transformar ese destello luminoso, en los personajes que aparecían en la pantalla del cine.

El milagro

El milagro

Años más tarde, pude comprobar de primera mano el milagroso proceso. La llegada de unas sucias sacas color marrón a la estación del tren, la misteriosa persona que las recogía anudando su extremo superior y aupando a su hombro el voluminoso paquete para trasladarlo al cine. Después, la subía por una estrecha escalera de caracol a la cabina de proyección, donde iba desefundando los diferentes rollos que componían el bulto. Uno a uno, con delicadeza, los colocaba en la bobina para unirlos mediante una máquina empalmadora, y un pequeño celo que hace de nexo de unión entre cada una de las partes de la película. Un trabajo artesanal que debía realizarse con especial cuidado para ofrecer la película con la mejor calidad de imagen y sonido. Finalmente, limpiaba los rodillos por donde se desplazará el celuloide hasta llegar al proyector que lanzaba las prodigiosas imágenes sobre la pantalla. Lo dicho. Un milagro.

Cine DoreY comenzaba el show. Siempre igual, siempre diferente. A dejarnos engañar por una ilusión de luz y sonido que compone cada historia a veinticuatro fotogramas por segundo. Pero con lo que más disfrutaba el proyeccionista era cuando destornillaba la ventana que separaba su cubículo de trabajo con la sala de proyección. Y escuchaba a los espectadores: reir a los niños con los dibujos animados, gritar a los asustadizos quinceañeros con los films de terror, y, sobre todo, el silencio expectante de toda una sala pendiente de un desenlace final.

Y ahora que esta profesión languidece dentro de un nuevo entorno digital de proyecciones artificiales en alta definición y tres dimensiones, hay que recordar lo importante que es buscar trabajos que nos motiven e ilusionen, que provoquen emociones en los demás, y que reconforten a nuestros semejantes. Tal y como hacían los proyeccionistas de películas. THE END.

“… Como un proyeccionista de cine, lanzando al aire la luz que nos engaña al pasar” Baldosas amarillas – Vetusta Morla

Acerca de Alejandro Peña

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5 respuestas a El trabajo más emocionante del mundo

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  5. Flames dijo:

    Se te ha olvidado hacer una referencia a PATIO, GENERAL y GALLINERO. Aunque por lo que cuentas eso no iba contigo.

    Respecto a la foto de CINEMA PARADISO, decir que tiene uno de los mejores y más emotivos finales de película que recuerdo.

    Y ahora que lo veo escrito, me reafirmo: es uno de los mejores finales “ever”. Lo podría explicar y motivar, pero no lo haré… al menos ahora.

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