“Mañana no puedo ir al partido. Me voy a mi isla a recolectar kiwis”, me espetó la capitana de mi equipo de baloncesto. La excusa era tan increíble que tenía que ser cierta. Y lo era. Este episodio forma parte de mi experiencia como entrenador de baloncesto femenino. Un entorno complicado, si se trata de dirigir teenagers en plena efervescencia, y donde el deporte no entraba a formar parte de sus prioridades. Esta anécdota personal sólo refleja mi fracaso para dirigir ese grupo de adolescentes, y condicionó mi opinión sobre las chicas y el deporte durante años. Un prejuicio basado en un hecho puntual y arbitrario. Un tremendo error.
Cuando hace unos meses se lesiona Amaya Valdemoro, sigo con distancia y curiosidad a partes iguales su evolución, su respuesta ante la adversidad. La mala suerte persigue a la mejor jugadora de baloncesto española de todos los tiempos al romperse las dos muñecas de sus manos a la vez. Su réplica ante la fatalidad sorprende a todos. Sólo se escuchan de su boca comentarios positivos y una fe inquebrantable para recuperarse pese a sus 35 años. El gran periodista @vdelaserna comenta vía Twitter “No he conocido a jugador/a de baloncesto más ejemplar que Amaya Valdemoro. Una inspiración para todos”. Y así es. Su Twitter @valdemoro13 transpira determinación, pasión por su deporte, y un entusiasmo desmedido unido a su personalidad singular.Un par de meses después de su grave lesión ya está entrenando, y lo que es más importante, con un voraz apetito de saltar a la cancha para ganar partidos. Con un par de….narices.
Como el capítulo del libro Territorio Comanche: “Hay mujeres con un par”, donde Arturo Pérez Reverte glosa la atrevida actitud de periodistas como Oriana Fallaci o Christiane Amanpour. Valentía para afrontar situaciones límite como corresponsales de guerra, y capacidad infinita para relatar historias con un componente emocional que sólo poseen las grandes reporteras. Mujeres que han tenido que superar convencionalismos a lo largo de la historia, son ahora ejemplos imprescindibles dentro de nuestra sociedad.
Mujeres con talento para conmover, con personalidad y sobradas de empatía……”Tomates verdes fritos“.


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Y si no fuese así, ¿porqué nos gustarían tanto las mujeres? Sencillamente, su nivel de compromiso suele superior al de el hombre; nuestro código está usualmente guiado por intereses el de ellas por convicciones.
Digo usualmente y no siempre; pero es cierto que el hombre comprometido es excepción y la mujer interesada es también excepción; es la naturaleza esa de la que tratamos de escapar la que nos demuestra día a día que nos tiene atados.
No se, puede sonar machista hablar de diferencias, pero creo que está ahí para que lo veamos.
La diversidad en su punto justo siempre es una ventaja competitiva importante. Encontrar “peers” en los que puedas confiar, y además te asesoren, te ayuden y puedan ser referentes profesionales no es nada fácil. Ya les gustaria a muchos tener una Amaya Valdemoro en su equipo!
A Gonzalo: De acuerdo que tienen más compromiso, y además más desarrolladas sus competencias emocionales.
A María, gracias por introducir el comentario sobre la importancia de la diversidad en las organizaciones. Hablaremos del tema.
Completamente de acuerdo con Gonzalo, las mujeres son mucho más constantes, y precisamente por ello suelen conseguir siempre sus objetivos, posiblemente de una manera más discreta que los hombres pero más efectiva. Y no creo que por describir las diferencias (que las hay) entre hombres y mujeres seamos machistas, más al contrario, en la diferencia está lo interesante, sino que aburrido sería todo…
De acuerdo con Jonás…..mas diversidad. Hablaremos del tema.
La experiencia de Amaya me lleva inmediatamente a recordar la emocionante final de maratón de Gabrielle Andersen en las olimpiadas de Los Ángeles de 1984. Muchos no podremos olvidar esas imágenes…Es curioso como ejemplos de determinación de ese calibre tienen un impacto tan impresionante en mujeres, hombres, deportistas o no.
No sólo destacaría el valor de estas mujeres, si no también su capacidad para aplicarlo a la hora de conseguir sus propios objetivos en la vida. Creo que es fundamental pasar por uno mismo para llegar a los demás.
Independientemente de las variables específicas de cada sexo, con las que en general podría estar de acuerdo, sin duda, hay mujeres y hombres “con pelotas” y lo interesante siempre, es poder sumar.