Líderes con paraguas


Las yemas heladas de mis dedos no eran la mejor noticia para enfrentarme a un tiro libre decisivo para la resolución del partido. Apenas sentía la desgastada rugosidad del balón Mikasa, además, el incesante orbayu azotaba mis ojos y empapaba hasta el alma. Pero si queríamos jugar, esto es lo que había. Y gracias a Dios, a los curas y a las carteras de nuestros padres, que nos proveían de canastas y balones. Amén. La consignas del entrenador eran claras: no pisar las líneas que resbalan, no tirar al tablero de metacrilato que la pelota se disparaba al infierno, y rezad lo que sepáis para no caeros. Pasar y cortar, no botar ni virguerías, a no ser que te apellides Corbalán.

Pero los tiros libres eran otra cosa. Eras tú contra el mundo y sus elementos. Solos. El aro chorreaba, el tablero imposible: o entra limpia, o palmamos. El árbitro me entrega el balón con una mano y con la otra sostiene… ¡un paraguas! Y yo, calado hasta los huesos, me quedo mirándole pensativo.

Foto: David Fernández (Nov. 16)

Foto: David Fernández (Nov. 16)

Lo peor de encontrar líderes egocéntricos donde siempre ellos son lo primero, no es su falta absoluta de tacto, allá ellos. Lo más perjudicial es proyectar esa imagen a su entorno, un ejemplo lamentable de desidia, cuando debían ser referentes de actitud. Es más, en muchos casos, ni siquiera son conscientes de sus actos, aunque tampoco les importa mucho.

Gerifaltes que no se mojan, en su zona de confort bajo techo.

Momias con el pelo seco y la boca cerrada; plasmas con corbata.

De Modelos sin valores, influencers low cost.

Caudillos que rapean desde su púlpito digital, vendedores de humo en Twitter, bocazas de la red.

Gurús narcisistas y sectarios que ni persuaden a los demás, ni se molestan en convencerse a si mismos.

Charlatanes y cínicos. Nuestros líderes del año 2017.

 

   – ¿Cómo se siente cuando la gente le dice héroe?                                                             – No me siento un héroe. Solo soy un hombre que hizo su trabajo.

“Sully”, del gran Clint Eastwood, con un fantástico Tom Hanks: un verdadero líder de nuestro tiempo.

 

Acerca de Alejandro Peña

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