Están robando mi baloncesto


Sábado por la mañana en una cancha de baloncesto. Juega el equipo infantil de uno de los mejores equipos de Europa. En la grada, padres y madres, amigos y enemigos, ojeadores y managers. Una persona se acerca y me comenta el gran partido que estamos disfrutando. Asiento sonriendo. Y me apunta que el número 14 es una estrella en ciernes, que lo están siguiendo los mejores equipos de Europa. Le agradezco la información. Se aleja. Diez minutos más tarde, se sienta a mi lado otro progenitor. Me apunta que mi anterior acompañante era el padre del prometedor jugador. Me sorprendo, pero parece que se trata de una práctica habitual entre familiares para dar bombo a sus chicos. Los que hemos jugado a baloncesto siempre nos quejábamos de las gradas vacías, del poco seguimiento de nuestros equipos. Menos mal que no conocimos a estos personajes.  ¿Qué se nos ha perdido durante estos años? ¿Ha cambiado tanto el baloncesto?

Ya han pasado varias semanas para asimilar el fracaso del equipo español en la recién finalizada Copa del Mundo de baloncesto. Más allá del rendimiento deportivo, hemos comprobado comportamientos que creíamos felizmente olvidados. Directivos de nuestro deporte que sólo aparecen en las victorias, líderes con pies de barro con súbditos y entrenadores serviles a una persona, nunca a un equipo. Periodistas con miedo en sus plumas, mediatizados por un par de invitaciones y una comida en el asador de moda. Jugadores marketizados vía insulsas cuentas de Twitter, estrellas que pretendían vencer sin bajarse del autobús ni de sus compromisos personales.

Y nada como organizar este Mundobasket para que afloren comportamientos mezquinos y ególatras, para mostrar lo peor de nosotros mismos, para que que cada uno busque únicamente su momento de gloria, su pedazo de un pastel podrido. ¡Qué tristeza!

Soberbio porque puede

Soberbio porque puede

Frente a los nuestros, un equipazo norteamericano dirigido por el legendario Coach K., donde los egos se reservan en aras del rendimiento grupal. Ni una mala cara, ni un mal gesto, ni un momento de relajación. Otra lección de estrellas del baloncesto. Pero de las de verdad. Las estrellas, digo.

Puedes ir de sobrado, incluso ser un líder un poco arrogante, siempre y cuando te llames Larry Bird y hayas ofrecido lecciones de humildad y trabajo durante toda una era. Todos los demás, son personajes desdibujados y futbolizados por un entorno que idolatra nubes de humo, que desaparecerán tan rápido como han aparecido.

JP Gibson, calentando con 5 año

JP Gibson, calentando con 5 años

Un niño de cinco años con leucemia llamado JP Gibson y un sueño hecho realidad: jugar un partido con mis mis adorados Utah Jazz. Una pelota y un equipo de baloncesto me reconcilian por unos instantes con nuestro deporte. Me hacen creer que es diferente, que la educación recibida por nuestros entrenadores tenía por finalidad algo más que ganar dinero, desarrollar unos valores de compromiso y esfuerzo, una actitud ante la vida. No te pierdas como un niño recupera la ilusión gracias a las estrellas de la NBA. ¡Ójala todos la recuperemos! Aunque sea sólo un momento.

Acerca de Alejandro Peña

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6 respuestas a Están robando mi baloncesto

  1. guguseti dijo:

    yo personalmente tengo un lema, una frase, que dice, me jode perder no me molesta que me ganen, y me voy a explicar, perder, para mi, es cuando yo, mi equipo, no da el 100%, y eso no es admisible, en cambio que te ganen, es que tu das tu 100% y simplemente tu rival es mejor, cosa que es en si un estimulo para intentar ponerte a su nivel y ademas…tu ahi no pierdes, simplemente no ganas, porque tu rival si esmejor que tu.
    El ejemplo mas claro, un Barça SESE, miras el resultado 50 abajo, perdimos? no…simplemente nos ganaron, eran mejores, nosotros dimos el 120% y salimos del campo con una sonrisa en la cara, encambio en el otro vestuario, les cayo la bronca del siglo.

  2. Armando dijo:

    Nunca he creído que el baloncesto me pertenezca y mucho menos que me lo pueda robar alguien. Es más, creo que, si algo quisiesen quitarme sería la idea que tengo del mismo (que no varía de ningún deporte incluido el futbol) y esa está a disposición de todo el mundo.
    Vayamos donde vayamos nos encontramos con competencia y por tanto nos guste o no tenemos que competir por lo que queramos. En el deporte esto es esencial, nunca me he planteado, ni jugando contra mi hermano, no competir. Hablo de competir, de creer en ganar, de trabajo, de lucha, de satisfacción, Pero no hablo de victoria a cualquier precio.
    Creo que ahí está el problema, la gente confunde la victoria con ser competitivo. Quiero que mi hijo sea un ganador (en “nuestra” liga, en “nuestro” equipo, en “nuestro” barrio); quiero que no sea derrotado como yo, su padre/madre (aquí sí que la igualdad de género funciona a la perfección). Y esto pasa porque esos padres/madres no han sabido competir, sólo les han enseñado a ganar.
    Cuando llegas a practicar el verdadero deporte descubres que su esencia es la competición ¿de qué te sirve ganar siempre si no has saboreado la derrota? La derrota es para muchos sinónimo de fracaso para mi, que he tenido a verdaderos educadores en la materia, es sinónimo de margen de mejora.
    No podemos, ni queremos, pedir a nuestros padres objetividad; estaría bueno! Pero sí respeto por esta forma de educar en el deporte.

    • Alejandro Peña dijo:

      Aprender a ganar y a perder, competitividad, fracaso… Son conceptos que necesitan más formación y es una asignatura pendiente. Más que pendiente, VITAL, y creo a que a todos los niveles estamos dando pasos hacia atrás.

  3. gbotas dijo:

    La futbolización, el gran mal de todo esto, olvidar que es deporte, aunque sea de alta competición, lo que exigiría más humildad, no menos realidad. En suma no nos lo roban ¡ojalá!, lo corrompen que es mucho peor.

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