El silencio de los tuiteros


La mañana pintaba rara. La densa y húmeda niebla ralentizaba el amanecer. Un extraño silencio reinaba dentro del vagón de Metro. Conecté el Ipad para iniciar mi diaria inmersión en el mundo Twitter. Entré en mi cuenta y no aparecía mensaje alguno. O fallaba la conexión, o fallaba mi dispositivo. Ni avatar ni @nombres. Ni retuits ni #hashtags. También habían desaparecido mis seguidores. Mis adorados seguidores. Tanto trabajo, tantas horas de desvelos en busca del ansiado follower perdido. Tampoco aparecían mis cuentas favoritas. No me lo podía creer. Si no era el fin del mundo, debía estar muy cerca.

Bar tranquilo. Foto cortesía Pepe Álvez

Bar tranquilo. Foto cortesía Pepe Álvez

Levanté la mirada, y mis compañeros de vagón contemplaban con perplejidad sus móviles y tabletas, sin dar crédito a semejante caos en la red social. Golpeaban, zarandeaban, y no cesaban de apagar y encender sus equipos. Pero no había respuesta. Twitter había desaparecido de la faz de la tierra, mejor dicho, de la faz de mi pantalla. Sin duda, era el principio del fin.

Pero, ¿dónde están mis amigos favoritos? ¿Quién les había cortado las alas a sus 140 caracteres? Hombres y mujeres con marca personal, con opiniones dispares, pero genuínas y originales. Sorprendentes unas, instructivas otras, y todas, entretenidas. Y además, mis elegidos son míos y sólo míos, por que yo los seleccioné entre un océano de tuiteros. Y ahora han desaparecido para siempre. Mi ansiedad y desazón aumentaban por momentos. Tenía la sensación de que habían cerrado mi bar favorito, mi encuentro diario que aportaba valor a mis insulsas andanzas diarias. Un lugar de encuentro, ahora silencioso y tranquilo, pero que ejercía de altavoz no oficial de las tendencias del momento. De mentiras y verdades, de realidad.

¿Te imaginas las cuentas de tus tuiteros preferidos sin contenido? ¿Te figuras no volver a leer tus citas predilectas? ¿Como percibirías ahora no conocer las noticias al instante? ¿Te imaginas vivir en soledad en una isla desierta?

Foto cortesía José Francisco Sánchez www.forotropia.com

Foto cortesía José Francisco Sánchez http://www.fototropia.com

Acerca de Alejandro Peña

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14 respuestas a El silencio de los tuiteros

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  3. Flames dijo:

    Muchas gracias Graciela.

    Espero que se me halla entendido lo de “beneficios” porque si bien “la red” puede resultar una revolución en muchos sentidos, en otros no aporta nada de nada o al menos menos de lo que mucha gente piensa.

    Con la tecnología pasa lo mismo. A veces confundimos los medios con los fines. La tecnología no es un fin en sí mismo.

    Y por poner algún ejemplo. Es impresionante que se puedan guardar miles de libros en un aparatito; pero en cuanto a la utilidad, no lo sería menos ese aparato aunque sólo pudiéramos ver 30-40-50-60 libros al año, que son los que podemos leer. El poder ducharse con agua caliente con la facilidad que lo hacemos es también impresionante. No sé si más o menos que lo del “librito”, pero qué diríamos si tuviéramos que elegir el “librito” o la ducha.

  4. Alejandro Peña dijo:

    Para completar la información del post:
    Foto “Bar Tranquilo”: de Pepe Álvez: http://www.fotocommunity.es/fotografo/pepe-alvez-gonzalez/fotos/1625786
    Más información sobre el “Uso adecuado de las Redes Sociales”: http://www.psicologiaoviedo.com/2013/01/hace-un-uso-adecuado-de-las-redes-sociales/

  5. Graciela dijo:

    Original e intrigante post, B&T. Me ha encantado el contenido y, por supuesto, las fotos.

    Creo en las redes sociales siempre y cuando, no sólo no nos afecten negativamente, si no que nos ayuden a mejorar a nivel personal, de relación o profesionalmente. Y sin duda se puede conseguir. De otro modo no las utilizaría. Eso sí, está por ver como irán evolucionando, se retroalimentan tanto de la actualidad que es difícil de predecir, aunque creo que nos adaptaremos sin problemas, simplemente como lo hemos venido haciendo hasta ahora.

    Totalmente de acuerdo con Flames, hay mucho, muchísimo que hablar todavía de los beneficios de las redes sociales (yo estoy trabajando en ello ahora mismo), y aprovecho para mandarle un cariñoso saludo desde aquí.

  6. Alejandro Peña dijo:

    ¿Y si encerramos a todos los dirigentes bananeros en esa isla? Así podríamos comunicarnos con ellos exclusivamente a través de las redes sociales.

  7. Flames dijo:

    Fabuloso relato. Falta mucho por decir acerca de los “beneficios” de las redes sociales.

    Precioso el islote del Caribe de la foto.

    Nuevo lema: en vez de la “Marbella del Norte” podríamos llamarlo “el Caribe del Norte”. Al menos los dirigentes bananeros no tendríamos que importarlos porque ya los tenemos.

  8. Jesús J. Pingarrón dijo:

    Sí, Alejandro… Qué desazón, ¿verdad? O, por el contrario, qué alivio… ¿no?
    Porque yo, últimamente, sin quitarle valor a todo lo que ha aportado la tecnología en general y el social media en particular… estoy empezando a cuestionarme un par de cosas bastante preocupantes:
    -¿Somos ahora más felices por sentirnos más cerca (sin estarlo) de la gente a la que teníamos lejos y nos daba igual; y más lejos de la que teníamos cerca… porque ya casi “no hace falta ni verse” para saber de los “verdaderos amigos”? No sé… antes todos quedábamos en un bar o una plaza y punto. Todo el mundo llegaba más o menos a tiempo. Y ahora, que estamos todos conectados al milisegundo, nos concedemos la licencia de llegar siempre tarde; aún sabiendo que los otros han visto que hemos publicado algo en nuestro twitter o conectado al whatsapp… en lugar de estar donde teníamos que estar: ¡Con ellos!
    -¿Han aumentado mis posibilidades de morir súbitamente… atropellado o por caída libre en una alcantarilla, por no dejar de mirar mi maldito, y a la vez eternamente fiel, smartphone? La respuesta es sí. Y por lo tanto, las de morir por causa del tabaco, han disminuido un 40%, seguro. :S

    En fin… contigo, pero sin ti.

    Enhorabuena por el post, por cierto! Es muy bueno, y muestra una “cruda realidad” que podría quitar el sueño a muchos de nosotros!!

    • Alejandro Peña dijo:

      Creo que el tiempo nos ofrecerá la solución a este enigma. ¿Nos hacen más felices las redes, nos ayudan? Profundizaremos en estos temas.

  9. Anónimo dijo:

    Básicamente, el relato demuestra la incipiente dependencia a las redes sociales que, como cualquier otra dependencia, puede desencadenar un vicio que seguro aprovecharán muchas empresas de telecomunicaciones.

  10. Alejandro Peña dijo:

    Me alegro que te guste, Sara. Completamente de acuerdo, las redes sociales deben ser una mera excusa para conectar personalmente y seguir aprendiendo.

  11. Sara Azogue dijo:

    Un relato estupendo, como siempre! Pero si twitter se fuera de repente, me gusta pensar que tenemos algo mucho más valioso, y es la posibilidad de conectar personalmente. ¿O es que nos dan miedo las relaciones sociales 1.0? Es broma, seguro que no. Un saludo!

  12. Carlos Pepe dijo:

    Internet va rápido, muy rápido. Con apenas 20 años de historia ( hablando de la W.W.W.) ya nos hemos olvidado de programas,de buscadores,… que en su momento eran el estándar: Netscape tenía un 90% de cuota de mercado, luego Lycos, Excite, Altavista (ya han pasado a la historia) I. Explorer que dominó luego, hoy en día es una patata !!! En España Olé y Ozú se hacían de oro amparados por la burbuja tecnológica, ¿donde están ahora?. Napster, Kazaa marcaban la pauta de los PTP (missing por decisiones legales); instant messengers: AOL,ICQ, msn messenger.. ya ni cuentan!.

    Por eso cuando hablamos de empresas de 6-7 años de existencia como twitter espero firmemente que podría sobrevivir sin los 140 caracteres de Lady Gagá, Justin Bieber… ¿Han dejado ya de llorar los tuiteros, Clarice?

    • Alejandro Peña dijo:

      El comentario de Carlos Pepe da para varios post sobre el tema. ¿Cual es el futuro de las redes sociales? ¿Son efímeras? ¿Están para quedarse o evolucionarán? A todos los niveles, tanto profesional como personalmente, hay que estar preparado para cambios imprevisibles. La capacidad de adaptación al medio, es y seguirá siendo, una competencia determinante para sobrevivir en la actualidad.

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