En busca del candidato ideal


Cuando el candidato entró por la puerta, pensé de inmediato que era un recomendado. El gol por la escuadra que la Dirección de la empresa me quería meter. Un primo de tal o un sobrino de cual. O lo que es peor, un compromiso ineludible con un proveedor al que se le debe el favor de unas vacaciones pagadas en el último Hotel Spa de moda. Buscaba una persona especial, y el aspirante a la nueva posición debía ser la estrella de la organización, el responsable de introducir cambios tan necesarios como poco deseados, y que debía manejar con pericia la crisis que se nos venía encima. Por eso, en mis planes no entraba reclutar ningún amiguete, familiar, o nada que se le pareciera.

Prejuicios vía @Laura_Chica

Prejuicios vía @Laura_Chica

Todos mis prejuicios se presentaron de golpe al ver aparecer por la puerta al primer aspirante. Su traje ceñido azul marino, camisa gris, corbata de Hugo Boss y sonrisa de principito encantado, no prometía nada bueno. A mis primeras impresiones, le siguieron preguntas un poco agresivas que no ayudaron a relajar la atmósfera de la entrevista. No me gustaba y no lo podía disimular. Por su parte, sorprendido ante mi actitud, respuestas cortas pero educadas. Además, encajaba mis acometidas con tranquilidad, como si fuera lo más normal del mundo tener enfrente a un entrevistador imbécil.

Mi candidato ideal estaba dando la vuelta a la entrevista. Me convencía su actitud positiva y su transparencia para exponer sus objetivos próximos. Me gustaba su franqueza y honestidad a la hora de explicar sus experiencias anteriores. Me sorprendía su humildad para resumir un curriculum imponente, y el potencial que irradiaba cada una de sus palabras. Pero lo que yo visualizaba era una persona normal con un talento inmenso para liderar la transformación global de la compañía. Definitivamente, me había ganado. Y si lo había conseguido conmigo en menos de una hora, no dudaba de su capacidad para arrastrar al grupo poco cohesionado que se iba a encontrar en su incorporación.

Justo cuando finalizaba el encuentro, nuestras miradas se cruzaron en el momento de levantarnos de la mesa, y le pregunté por sorpresa: ¿Tienes realmente ganas de trabajar con nosotros? “No puedo estar más motivado para acometer el proyecto, no encontrarás a nadie con mis ganas y determinación”, me respondió sin pestañear mirándome a los ojos. Esa era la energía que buscaba. Ya tenía clara mi decisión.

 

Acerca de Alejandro Peña

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8 respuestas a En busca del candidato ideal

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  5. MAD dijo:

    Supongo que a todos los que trabajamos en reclutamiento y selección hemos pasado por ese trance, quizá no para un puesto tan clave como el que comentas. Siempre hablamos de evitar el sesgo de la primera impresión pero en ocasiones este sesgo existe y podemos perder grandes personas en nuestra organización si nos aferramos demasiado al mismo. Ahora, también hay que tener en cuenta que los que son capaces de dar la vuelta a la situación (como en el caso que comentas) son garantía de éxito.
    Por cierto, nos lo podemos imaginar, pero ¿cómo sigue la historia?

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  7. Alejandro Peña dijo:

    No le he leído. Pero lo haré. Sobre Headhunter escribimos en uno de los post más leídos: ¿Cazas talento? https://basketandtalent.com/2012/06/13/cazas-talento/

  8. Flames dijo:

    Lo único que se me ocurre comentar es que te aconsejo el libro “Headhunters”. Yo me compré el libro sin saber que había una película (el libro venía con una entrada de cine) y me lo devoré. Mejor el libro que la peli, o mejor leerlo antes. Es trepidante.

    Trata de un cazatalentos que se ve en situaciones muy similares a las que has descrito. Pero no sé qué me da que ya lo has tenido en mente al escribir el texto.

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